Nuestro Fürher, Adolf Hitler ha vuelto.

Imaginaos dormir en un lecho de paja helada en medio de Europa oriental y combatir a cientos de miles de soldados del ejército rojo en las llanuras de Rusia. El enemigo avanza, vuestro corazón se paraliza, los músculos se tensan, cargas tu arma y te preguntas porqué has matado un niño indefenso con la cruz de David en la manga o a un hombre como con la insignia de la hoz y el martillo en la solapa. Tu Fürher te lo ha ordenado: las dudas se despejan. Disparar, matar, descuartizar, quemar, todo por la patria. Eres un héroe de Alemania, eres un buen militante del NASDAP, de las SS o de las Juventudes Hitlerianas.

Ha vuelto, de Timur Vermes, nos narra el retorno de Hitler a Alemania. Un retorno para observar con sus ojos las sociedad alemana de 2011, para ver las contradicciones actuales del corazón de Europa, desde el prisma del humor y la sátira. Un prisma que hará divertir al lector amante del humor negro así como el del aficionado a la historia, hay que que destacar la más que amplia documentación del libro, con un glosario de personajes que ayudará al lector a entender muchos aspectos biográficos del Führer del III Reich.

El libro empieza con la aparición de Hitler, en la actualidad, junto a un descampado con la ropa que llevaba al suicidarse. Caritativamente es protegido por un quiosquero que decide ofrecerlo a una productora de televisión, para hacer el contrapunto a un famoso comediante. Allí interpreta el papel (de Adolf Hilter) de si mismo con un éxito inesperado hasta el punto de tener un programa de humor propio. Evidentemente Hilter usa esos medios para lograr sus fines nacionalsocialistas, él no ofrece monólogos a la audiencia, sino sus discursos, que todo el mundo se toma a broma. Como dice el dicho; entre broma y broma la verdad se asoma.  Nadie se toma a Hitler en serio. Una escena ilustra el caso: En una entrevista para el periódico Bild, le preguntan: Usted admira a Hilter? – él con un humor más propio de Churchill aclara- Si! Todas las mañanas frente al espejo. En ese momento la periodista anota en su libreta que el entrevistado es un admirador ferviente de Hitler. Una lógica que parece escrita por los hermanos Marx. El periodista tiene delante de él a Adolf Hitler y le pregunta si se admira… Escenas como esa harán reír al lector de forma desternillante. Alrededor del programa se forma un grupo de simpatizantes del Fürher que lo ven como el comediante perfecto, aquel que nunca abandona su papel, porque se representa a si mismo. Las salutaciones nazis aparecen entre chistes. Nadie lo hace en serio, pero saludan al Fürher como los fascistas, aunque solo sea para continuar las bromas del plató. El autor utiliza el humor para ver como responderíamos a Hitler, hasta el límite en que vemos que reímos y pensamos como él. La habilidad del escritor es la de hacerlo muy sutilmente, nos hace reír, primero de uno de los mayores genocidas de la historia, para luego ver que nuestras ideas y las suyas son más similares de lo que creíamos. El fascismo es eso, se hace amable y populista para lograr sus objetivos.

En la novela el humor es la válvula de escape para el Fürher, su tribuna pública para ganar adeptos. Al ser un bufón puede decir lo que quiera y arremeter contra todos. Nadie cree realmente en sus palabras, pero el público empieza a creer en él. Todo el mundo está desconcertado y él marca las directrices, actúa como un líder nato. ¿Quién le puede decir que no haga política si hace monólogos? Los límites del humor son explorados por Vermes y Hitler es el guía que pone ante los lectores. Una forma distinta de enfocar la problemática nacionalsocialista en una sociedad que hace ya ochenta años abrazó las tesis fascistas cual naufrago coge un salvavidas en medio de una tormenta.

La ascensión al poder de Hitler es una historia, que se repite con consecuencias menores durante todo el siglo XX en diferentes países. Un país empobrecido: el hambre y la desesperación sacuden la nación. Los militantes de izquierdas ofrecen soluciones, el pueblo los secunda. Pero las clases altas, no afectadas por ese empobrecimiento tienen miedo, el país cruje debajo de las botas de los policías en las manifestaciones. Llega la salvación, una posición intermedia que no es de izquierdas, pero ofrece sus mismas soluciones sin tocar el dinero de los grandes empresarios. El aprendiz de mago en esta solución, descubrirá que las fuerzas que ha liberado son fatales. Las represiones posteriores diezman al pueblo. La rueda de la historia siempre se engrasa con sangre humana. La guerra llega y las clases altas ven con desesperación como su magia no era magia, era la entrega del país a un psicópata grandilocuente. Este hecho obliga a una redención con el pasado. Una redención cultural y política. En las películas sobre la segunda Guerra Mundial vemos a valientes héroes americanos, ingleses o resistentes franceses luchar contra el invasor. No vemos americanos como Henry  Ford, firme entusiasta de Hitler. No vemos a Chamberlain dar los Sudetes a Alemania. No vemos a los franceses de Vichy bombardeando des de sus barcos a tropas inglesas. Tampoco vemos como la sociedad que fue acusada por Zola reniega de su antisemitismo. No lo vemos porque en realidad estaban a su favor como mal menor. Preferían a Hitler que a Stalin. Veían en el comunismo todos los males de la humanidad y lo enviaron a combatirlo.

En mayo del 1942 el ejército británico en su campaña de hojas volante lanzó postales, con fotografías de inmensos cementerios que se extendían hasta donde alcanza la vista, sobre el frente nazi. El Front-illustruerte (revista de propaganda soviética para los soldados alemanes) en la portada de Diciembre del 1941 mostraba un árbol de navidad con un cadáver colgado por la nieve y un cementerio al fondo. La primera página en Agosto del 1943 mostraba a un soldado alemán andar por un rio de sangre, preguntándose: ¿Y ahora qué? El holocausto sacudía Europa, además de todo el mundo civilizado. Al perder la Guerra los nazis, como perdedores, fueron demonizados y declarados únicos culpables de lo sucedido, pero las atrocidades aliadas estuvieron a la altura de las nazis. En cuestiones de guerra los seguidores de Hitler no inventaban nada ni eran muy diferentes a sus enemigos.

Alemania mató directamente a incontables millones de personas, en su mayoría simples trabajadores, o según el argot militar, civiles. Nada que no haya hecho ninguna de las potencias actuales. Pero los germanos se diferencian de las otras naciones por las contradicciones en sus adversarios y el poder de seducción que generaron. La magia del aprendiz de mago resultó fatal y todos pagamos sus errores.

Adolf Hitler era un hombre encantador que sedujo a los alemanes de Weimar, sedujo a una sociedad y mediante el libro que he presentado seducirá al lector. Ha vuelto nos hace ver que en el fondo de nuestros corazones simpatizamos con Hitler. Secretamente nuestro pensamiento simpatiza con Hitler; leemos que come que ve la televisión o que pasea. Le gustan los niños y seguramente sería un tío ideal para nuestros hijos o un cuñado que no se entromete en las parejas. Timur Vermes enfoca la problemática nazi des de un punto de vista diferente, una sátira para los amantes del humor negro, pero no para las mentes más sensibles. Un libro que explora el príncipe, no el monstruo, de una de las figuras más inquietantes del siglo XX. Durante la lectura de este libro reiremos, simpatizaremos y nos haremos nuestro al protagonista. Para cuando hayamos pasado la última página, una sensación nos subirá del estomago para llegar a nuestro cerebro con un relativo espanto. Nuestros pelos se erizarán un poco, tendremos cierta sensación de vacío junto con unos temblores en el brazo derecho, hasta quizá nos sentiremos culpables. La sola duda nos pone nerviosos y nos deja sin habla. Hemos estado acordes con Hilter durante centenares de páginas ¿lo estaríamos en la realidad?

Alexander Rodchenko entrenament

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